Caído

El prólogo para este está difícil. Son tantas las cosas que quiero decir con esta cosa, pero la primordial: Todas las cosas del mundo necesitan mantenimiento. A veces, se limpian. Y al limpiar se saca mierda. Si otros escritos han sido “lindos” este traté de hacerlo grotesco. Y la idea no es que “alguien” me haya hecho daño. Sino que soy “yo” el que se ha hecho daño sólo.

 

“Y mientras tanto qué comemos. (…) – Mierda.” – El Coronel no tiene quién le escriba – G.García Márquez.

 

“Todo se irá. Queda el amor (…) que le da sentido a todo.” – El Zahir – Paulo Coelho

 

Lunes 28 de julio de 2008 20:34

  

En un mundo de fantasía, construido a base de poesía, existían muchos y muchos reinos, con reyes nobles en castillos infinitos y reinas hermosas con ajuares terminados en diamantes.

Existió uno cuya mítica residía en una profecía, como todos los cuentos, el destino ya había tirado sus dados. Una profecía que predecía que uno de sus caballeros, el príncipe heredero, comprobaría la existencia de los ángeles, una vez que el rey actual hubiera muerto.

El día en que el príncipe comenzó a creer en la profecía fue cuando vio por vez primera lo que el pensó era un ángel. La abrazó y contempló como sintiendo que había descubierto el mar por primera vez. Le mandó a construir un palacio de diamantes y le decía al reino entero que la profecía se había cumplido. El caballero estaba enamorado.

Pero llegó el día de presentar sus irrefutables pruebas ante todo el consejo y cuando le dijo al ángel que caminaran juntos, el ángel simplemente desapareció.

El consejo destruyó al príncipe mientras trataba de explicar lo que sus ojos habían visto. Fueron interminables las noches en que el padre le reclamaba al hijo que cómo podía haber avergonzado así a la familia real. El caballero idílico explicaba que sus ojos no mentían y mucho menos su corazón: noble y fuerte, hecho de sangre azul.

Fue así que el tiempo fue transcurriendo y el litigio se alargó de tal manera que el rey murió en discusión con su hijo.

El día de las nupcias luctuosas, la expectativa llenaba todo el reino con el advenimiento de la profecía. Pero el caballero comenzaba a delirar con la partida de su padre.

Los habitantes del pueblo murmuraban de la vergüenza del príncipe y sus miradas furtivas se sentían como agujas en la piel.

Gritaba el pobre caballero que en verdad había visto un ángel. Que su padre no debía haber muerto…

Una princesa que llegaba de otro reino a dar el pésame a la familia real, se apareció ante el vestíbulo del castillo en luto. Al verla pasar el príncipe recordó la figura del ángel desaparecido; pero decidió no decir palabra hasta conseguir el amor eterno del nuevo ángel.

Todas las noches le rogaba a la luna que la princesa se enamorara de él. La princesa al verlo sintió estremecer desde el cielo a la tierra – con las estrellas incluidas – toda el alma del universo. La princesa lo amaba.

El caballero comenzó a fortalecer su corazón y a diluir el delirio. El pueblo callaba la veracidad de la profecía. Hasta que un día la luna dejó de brillar. Algunos dicen que la princesa ya estaba prometida en otro reino. Otros dijeron que la princesa fue en realidad una bruja. Pero para nuestro caballero la batalla más grande acababa de terminar, con la victoria inequívoca de la Locura.

Furioso e idealista, el príncipe entendió que él cometía el error de utilizar sus ojos para buscar al ángel. Que sólo su Corazón podía ver en realidad un ángel. Con una sonrisa de oreja a oreja, tomó un diamante del otrora castillo angelical y extirpó con paciencia y alegría sus dos ojos. El dolor estaba adormecido por la pura Locura.

 

La Locura reía y reía, hartándose de la desidia del caballero caído. Las lágrimas derramadas con la partida de la princesa fueron las últimas que el caballero pudo recordar. Deambuló. Caía. Se pudría. Pobre príncipe azul sin cuento encantado. Sin las ventanas al mundo su Corazón comenzó a marchitar.

Las prostitutas de otros reinos llegaban para disuadir al pobre príncipe que ellas eran los mismos ángeles del cielo enviadas con el simple hecho de concebir un nuevo gobernante. El caballero se dejaba querer con la esperanza de encontrar su ansiado ángel. Hasta que un día su Corazón decidió caminar hacia el río donde la pesca era un ritual de alegría con algún personaje de corona dorada, la memoria ya no se encontraba bien.

En el río, percibió los destellos de una ninfa. Sintió el resplandor dorado del primer ángel que vio. La abrazó y la contempló. Pensó que esta vez la profecía se había cumplido. La ninfa lo hizo volar y en los cielos, con el viento susurrándole los versos de sus desgracias, quiso mostrarle el corazón para confirmar que en verdad volaba con un ángel. Al sacar su corazón del pecho la ninfa se aterró de tanta energía y le soltó las manos. El príncipe cayó desde 100 metros arriba. Su piel, que se había curtido para soportar la mirada del pueblo, se desquebrajo como porcelana al caer.

El príncipe gritaba. En posición fetal gritaba. Claudicado ante la Locura, lo que creía que era un río y un bosque, era en realidad una habitación blanca. Su mente delirante, después de cegarse, había obligado a la familia real a enclaustrarlo. Con cada ver de sus trozos de porcelana sentía que su corazón cada vez latía menos. Con cada ver de sus sueños destrozados, el príncipe sentía que la vida lo abandonaba. Con cada ver de su pasado veía el cadáver de su padre.

Su cuerpo se pudría. Su corazón moría. Sus manos apretaban lo que parecía ser aire. Pero al ver detenidamente se veía al rey muerto sentado a la par de su hijo. Exiliado contra su voluntad del descanso de los cielos, el rey fantasma no podía dejar la mano de su hijo. Era un grillo atiborrado en la bartolina del castillo de diamantes.

La reina, atareada con mantener los cimientos de un reino sin gobernantes, limpiaba la habitación del hijo ciego con una monotonía autónoma. Pero por aquello de las supersticiones no limpiaba al fantasma, no sea que se decida desaparecer y su hijo sin mano que atender deje este mundo de una vez por todas.

El príncipe gritaba. La Locura reía. La cordura enjaulada. Tenía tanta mierda en la cabeza que podía haber llenado una letrina. El rey se fue llenando de polvo, un polvo gris plateado que se confundía con sus barbas. Parecía una figura de ceniza frente a un caballero caído.

Los años pasaron. La reina fue envejeciendo, el rey envejeció en muerte y el hijo deliraba la existencia de los ángeles. Deambulaba en rumbos que sólo él conocía; en su mente caminaba sin ataduras por doquier. La arena de los relojes que marcaban la conclusión de la profecía, se sentían lágrimas lloradas por el príncipe defecado y de corazón podrido.

Un día, Dios envió a los ángeles de la muerte a recoger el Rey sin vida. Al tomar al rey por una mano, todo el polvo ceniciento cayó en el cuerpo casi inerte del caballero caído. Uno de los ángeles, vio que el polvo cayó sobre algo que se parecía como una mano… era la mano que aún sostenía al fantasma. El ángel tocó la mano del príncipe embriagado de romanticismo. Al tocar esa mano, el último grano de arena trató de detener el tiempo en su cárcel de vidrio. Quería ver el desenlace de esta historia sin fin. Y al sentir los dedos de un ángel, el corazón del príncipe supo entonces que los ángeles en verdad existían. Fue tata la emoción que la vida sólo le alcanzo para dar un último latido de felicidad.

 

Lunes 28 de julio de 2008 21:27

 

3 comentarios para “Caído”

  1. Zepe Dice:

    y mientraa tanto que comemos???
    asfaddfffjglkhjlhga

    Escriba la tesis primero y después socá el blog de posts!!

  2. El Pollo Dice:

    Al fin paso por aqui mano no muy le cacho todavia a este tu blog pero poco a poco. Me gusto el escrito mortalmente instropectivo.

    un abrazo pue!!!

  3. Witchy Dice:

    Me encanto caído… y creo que una persona en vida puede llegar a sentir todo eso… y a veces hay que agradecer el dolo, porque si te duele quiere decir que aun estas vivo…

    Felicitaciones chuchini… =o) seguire leyendo tus otros posts…


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